Transitó toda su etapa formativa residiendo en los albergues: una experiencia marcada por la empatía y el respeto

Tras seis años de vivir en los espacios que posee la Facultad de Ciencias Forestales en el marco de sus becas internas, una egresada cuenta su vivencia y las enseñanzas que le dejaron su paso por el lugar. 

Romina Pino tiene 25 años y es oriunda de Colonia Delicia. Ingresó en el 2015 y desde allí hasta el 2021, año en que finalizó sus estudios de Profesora Universitaria en Ciencias Biológicas, residió en los albergues que la Facultad de Ciencias Forestales posee en el marco de sus políticas de inclusión.  Hospedarse en este espacio, era en ese entonces,  una condición necesaria para que ella pudiera estudiar una carrera. “Era fundamental que sea una universidad gratuita con becas porque de lo contrario no iba a poder estudiar”, comenta. 

Aunque tenía dudas acerca de la elección de la propuesta formativa, Romina sabía que quería ser profesora y el tiempo se encargó de demostrarle que la decisión fue la correcta. Poco a poco se fue enamorando de la cursada, de la universidad y de las personas que la rodearon.

“Si tengo que buscar una palabra que describa la experiencia de vivir en el albergue es: enriquecedora. Y esto lo digo por las relaciones humanas que pude hacer. Aprendí muchas cosas, tanto a socializar con personas de otros entornos, aprender valores, culturas, a respetar el espacio del otro. A generar muchas amistades que creo que serán para toda la vida”, explica Romina. 

Otras virtudes que hoy ya fuera del espacio destaca, es el impulso que encontró allí para terminar con sus estudios. Sus compañeras de casa, cuenta, siempre la dieron aliento a seguir y aún más cuando en su transitar como estudiante las ganas de abandonar la facultad se apoderaron de ella: “Las buenas relaciones humanas tanto de mis compañeras de casa, las agrupaciones y docentes me hicieron continuar”, sostiene. 

Al recordar cómo era el día a día en estas residencias, Romina asegura que requería de mucha organización:

“Había que levantarse bien temprano para conseguir la ducha, bañarte primero y poder irte a clases. Teníamos que organizar bien la mesa, un segmento para que cada persona pueda ocupar pero también era lindo porque compartimos mate, chipa, almuerzos y también nuestras frustraciones y alegrías. Siempre nos preocupábamos de cómo le iría al otro en el examen y si aprobaba, todos festejábamos”, asegura. 

Sin dudas Romina recomendaría el espacio a algún estudiante que haya estado en su situación cuando ella ingresó. Piensa que si uno/a será un profesional y trabajará con personas, los aprendizajes del albergue son muy buenos en cuanto al desarrollo de habilidades humanas. 

La joven se recibió el año pasado aún en pandemia. Aunque los festejos no fueron como lo imaginó, pudo compartir con quienes fueron parte de este camino: su familia y sus amigos/as.  

Cuenta el orgullo  que sintieron sus seres queridos como también  sus vecinos/as de la colonia. “Todos sabían que me recibí, cualquier persona que me cruzaba me felicitaba. Todos celebraron conmigo”, desliza.

A meses de no residir más en el lugar, Romina siente nostalgia, “Quiero volver. Me costó soltar ese lugar.  Salir y alquilar, tener mi propio espacio, estar sola fue difícil para mi”, afirma. 

Actualmente trabaja como profesora en una escuela rural en Colonia Delicia de donde es oriunda. Tiene diferentes proyectos en su vida profesional como también el deseo de seguir colaborando en la cátedra de Derechos Humanos que posee la Facultad y de la cual es parte, para enriquecerse desde las ideas, talleres y cursos sobre cuestiones de derecho. 

Siente profundo agradecimiento a la Facultad, a la Universidad Pública por darle la oportunidad de realizar sus estudios porque además de contar con la beca de albergue, también accedió al beneficio del comedor, biblioteca, fotocopias y conexión a internet durante la pandemia. 

“Estoy agradecida por la atención y paciencia que me tuvieron en todos estos años. Quiero decirle a los ingresantes que si no tienen recursos no tengan miedo, siempre alguien les va a ayudar”, concluye. 

Nota publicada en la revista Nexo Universitario N° 14. Para descargar la versión digital de la revista, hacer clic aquí: Nexo N° 14